viernes, 19 de noviembre de 2010

De la política de la liberación de Enrique Dussel a la reflexión sobre la Ley de Caducidad (avances de Clinamen 4)


Los fusilamientos del 3 de mayo (detalle), Goya


Karen Wild Díaz
Estudiante avanzada de la Licenciatura en Filosofía
karswd@gmail.com


Imparable. A los 76 años(1), visitó Montevideo para dar un curso de postrado sobre su Política de la liberación, de cuatro días, cuatro horas por día, que siempre se iban a más. Además dio tres conferencias en distintas instituciones, brindó entrevistas y cuando el último día, pasados visiblemente de la hora de cierre, uno de los encargados del curso quiso amablemente finalizar la clase, señalando que había sido una semana de mucho trabajo y que probablemente el profesor estaría cansado, este le replicó a las risas: Ustedes estarán cansados… ¡Yo estoy bárbaro! (y siguió hablando unos minutos más.)

“Trabajo de obrero de la filosofía”, dijo en un momento, y en otro catalogó de “quijotada” a su empresa teórica, y no es para menos, baste echar una mirada a la cantidad de publicaciones en su haber. Pero lo más curioso no son los números, que sin duda llaman la atención, sino la motivación que despierta, por así decirlo, su trabajo, esto es: el hacer filosofía, el enseñarla a los estudiantes, el transmitirla al público en general, el discutirla con los interlocutores y el valorarla explícitamente y en primera persona, con vitalismo, desafiando al otro, entusiasmándolo con la empresa teórica de investigación y creación propia, para lo cual no descarta una performance de manifestante de la filosofía latinoamericana, negando de paso a través de su obra y de la reivindicación de la idea de Gramsci del “intelectual orgánico” aquella cita de Fichte que decía “filosofar es no vivir, vivir es no filosofar.”

En este artículo propongo que, luego de presentar los conceptos centrales de su último período teórico, la política de la liberación, probemos, por nuestra cuenta, la capacidad de aplicación concreta de la teoría en relación a una discusión de actualidad: la Ley de Caducidad.


Localizada y orgánica

“Lo que hago yo es partir de la realidad, enterarme de todo lo que están haciendo los filósofos y producir algo completamente distinto.”

“Quiero que se desteten del eurocentrismo. No creo más en eso. Y creo que estamos más adelante que eso. Hoy América Latina es un lugar de grandes experiencias políticas. Ese entusiasmo es algo que también les quiero comunicar.
” (citas del curso)

En línea con Pereda cuando denuncia, como uno de los grandes vicios de la práctica filosófica latinoamericana, el “fervor sucursalero” que nos vuelve meros agentes de importación de las corrientes de moda en “las Casas Matrices”, Dussel llama a superar un filosofar hecho en Latinoamérica pero no latinoamericano, que entiende mayoritario en nuestras Universidades, para lo cual desarrolla una crítica de ciertos lugares comunes como ser el helenocentrismo, el eurocentrismo, el occidentalismo, el colonialismo y la periodificación standard de la historia.(2)

Heredero de la ontología política de Levinás, plantea que partirá “desde el Otro a la crítica del sistema que lo niega, lo cual tendrá por resultado que el negado sea el afirmado y la positividad del sistema sea el negado ahora, como crítica. Allí empieza un nuevo discurso, creador filosófico”(3) , donde el Otro somos nosotros, como periferia oprimida y excluida (lo cual, por cierto, no ha de suponer una homogenización de todas las víctimas en una sola Alteridad.) Claro que para partir de nosotros, para localizar el filosofar, hemos de conocernos y para conocernos hemos de echar por tierra la identificación con la que nos señaló la Totalidad (el centro.) Para esto, según Dussel, necesitamos hacer de nuevo la historia universal.(4)

La filosofía política y ética aquí no se disociará de los problemas históricos y actuales de la víctima, a nivel global, pero particularmente del continente latinoamericano. ¿Qué significa esto? No significa que Dussel se vuelva un “filósofo de la actualidad”(5) , al decir de Derridá, que busca en la historia de la filosofía escrita cuál de sus elementos podría aplicarse más o menos satisfactoriamente a cada situación socio-histórica concreta que se elija pensar (o que la Agenda elija), confinándonos así a una extensa pero angosta superficie del pensamiento.

Por el contrario, pero sin abandonar la actualidad, será “destructiva”, subsumiendo lo mejor de la tradición europea-norteamericana y “constructiva”, intentando crear categorías nuevas, distintas a las del liberalismo político, que permitan hablar de las nuevas experiencias liberadoras en el continente. La idea, por cierto, es la de un pensamiento orgánico que brinde una herramienta, primero que nada, a los actuales movimientos sociales y a los políticos de la periferia global.

La hermenéutica filosófica se aplicará a todos los textos, y el discurso político latinoamericano se convertirá en parte arquitectónica de la teoría. Así, la teoría se “crea” desde el Otro. El giro descolonizador teórico consiste, entonces, en una suerte de sapere aude, un aprender a pensar el presente por y para nosotros mismos, con lo cual se inscribe en la tradición de pensamiento liberador latinoamericano: Zea, Hinkelammert, Roig, entre otros.

“Cuando me vuelvo a la historia de lo que puede llamarse izquierda en Europa, en Estados Unidos y América Latina, me encuentro que la política siempre fue vista negativamente… ¿Qué puede dar hoy a la izquierda un marco teórico? Esa es la idea.” (cita del curso.)


De lo abstracto a lo concreto: las ‘20 tesis de política’


Me interesa pasar a señalar concisamente las categorías más relevantes de las 20 tesis de política de cara a pensar algunos elementos destacados de la realidad nacional.


Discernimiento del poder

El “mandar obedeciendo” zapatista que Evo Morales recoge, motiva en Dussel la creación de una categoría nueva: el poder obediencial. El poder, aquí considerado en su forma positiva y como capacidad, lo tiene siempre y de forma indeterminada la comunidad política: el pueblo. Cada vez que se genera o ejerce una institución (práctica reglada), el poder se actualiza. Ahora bien, el ejercicio del poder puede ser regenerativo, cuando se practica como servicio a la comunidad que lo delegó en un representante, llamándose poder obediencial (donde “ob-ediencia” significa “saber escuchar al otro”) o puede ejercerse autorreferencialmente (al propio interés o al de un partido o clase), de forma negativa, ahora sí como dominación, denominándose poder fetichizado. Lo más importante aquí es retener que el poder no es necesariamente dominación; ontológica y positivamente determinado, es voluntad consensual de la comunidad.


Niveles y esferas de lo político dentro de la Totalidad

El campo político se divide en tres niveles: nivel de la acción estratégica, nivel de las instituciones y nivel de los principios normativos, estos últimos dos, cruzados por tres esferas: la esfera material, la de legitimación y la de factibilidad. De este modo, el poder está triplemente determinado por:

a) la voluntad de vida concreta, inmediata, (ecológica, económica y cultural, principalmente) en el corto, mediano y largo plazo, que constituye la esfera material. Es la voluntad que posee toda comunidad de afirmar, reproducir y aumentar su propia vida. En este sentido, el ejercicio del poder ha de realizar dicha voluntad;
b) el procedimiento de legitimación democrático, que consiste en la participación simétrica y sin violencia de todos los ciudadanos, que presentarán razones para la formación de un consenso, en el marco de la toma de decisiones (principio D de la ética comunicativa de Habermas-Apel.) El ejercicio del poder es entonces legítimo cuando cumple con este procedimiento y con los pactos que de él surjan; y
c) la factibilidad, que entiende que el ejercicio del poder necesita de una acción estratégica, que involucra principalmente a la prudencia. La factibilidad nos remite a la política como el “arte de hacer lo posible” (realismo político de Hinkelammert.)

Del mismo modo, los principios normativos (irreductibles entre sí) condicionan la acción estratégica política con “pretensión de justicia” a: defender la vida del ciudadano, actuar según los procedimientos democráticos y sus resultados, y darse objetivos realizables.


Crítica a la Totalidad desde el Otro: movimiento de liberación

Las segundas 10 tesis son deconstructivas de lo planteado en las primeras. Es el momento de la crítica desde la Alteridad negada por la Totalidad (sistema vigente), que, proceso degenerativo inherente a toda institución mediante, ha pasado de tener una clase gobernante dirigente a una meramente dominante. En determinado momento, los oprimidos de la Totalidad y los excluidos de la misma, toman conciencia de sus necesidades incumplidas y aúnan fuerzas para combatir contra el sistema vigente. Son momentos puntuales en que se produce una síntesis de los movimientos sociales y se conforma un “pueblo” como actor político transformador.
Pero que el pueblo no se haya articulado para su propia liberación, no significa que no esté sufriendo una fuerte opresión y exclusión. De hecho, podríamos considerar que el pueblo más oprimido es aquel que no se pronuncia cuando las víctimas aumentan. El pueblo puede corromperse, o no tomar conciencia, en relación a lo cual destaca, como determinantes, el superpoder de las mediocracias y la escasa participación en lo político.

Ahora bien, la liberación, como toda acción política, ha de operar (también) según los tres principios políticos críticos de las tres esferas. Idem para las instituciones a crear en una Nueva Totalidad (considerando el mejor de los casos, en el cual el “pueblo” logra realizarla.) Desde la nueva localización del discurso, crítico-liberadora, la vida a afirmar es la de la víctima, el procedimiento legitimante: el consenso crítico, que será disenso ante el acuerdo vigente. A su vez, la praxis de liberación deberá comprender que las utopías, como por ejemplo la disolución del Estado, no son realizables sino que son ideas reguladoras de proyectos de transformación factibles.

En este proceso, las transformaciones (nunca la inclusión en la Totalidad dada) pueden ser parciales o radicales (revolución), pero para ambas, el nuevo ejercicio del poder habrá de ser obediencial con respecto a la nueva legitimidad. La propuesta institucional concreta de Dussel es de una democracia fuertemente participativa, que habrá de articularse con la representación.



Hacia una discusión de actualidad


Mandar obedeciendo ¿qué?

¿Qué significa entonces “mandar obedeciendo” en Dussel? Claramente, no significa que el representante político haya de acatar todo lo que se le dice, ya que toda acción política de quien sea está normativamente signada por los principios políticos. Pero entonces, de obedecer a acatar hay un trecho. ¿Es paradójico esto? Más allá de señalar que “obedecer” se asimila a “escuchar”, estimo que hay otro elemento en juego: Dussel cree que toda comunidad o grupo estaría “naturalmente” inclinado a actuar según los principios. Ha llegado a afirmar que “el pueblo…, como actor, no puede equivocarse”, aunque sí pueda hacerlo como “opinión pública.”(6) Recordemos que el pueblo-actor es la síntesis de los movimientos sociales en un sistema dado, es el “pueblo”, a diferencia del pueblo como totalidad de habitantes. La afirmación citada parece decirnos que el “pueblo” (como actor) nunca se aliena. Sí lo puede hacer la comunidad política, lo cual Dussel, como ya dijimos, lo explica por la mediocracia y la falta de participación. En esta visión, los oprimidos y los excluidos, al organizarse y compartir masivamente una lucha, estarían ya defendiendo la vida, ejercitando críticamente la democracia, al alcanzar un disenso con respecto al consenso anterior, y desarrollando una praxis política liberadora. No deja de ser una visión algo idealizada, especialmente por el ejercicio crítico de la democracia, donde, más allá que Dussel señale que la presentación de razones no es restrictiva a la forma argumental, pudiendo tomar su lugar otros elementos de la cultura, la idea subyacente de que habrá simetría y ausencia de coerción entre los participantes del discurso, nos da la pauta de la “idealización” que se está haciendo del pueblo articulado, pues podemos pensar que no todo pueblo articulado concreto se articula o sintetiza de este modo.

Pero dejemos de lado la misma conformación y puesta en práctica de la liberación y pensemos en la nueva legitimidad que emana de la plataforma común de reivindicaciones. Son estas las que orientarían la construcción de una Nueva Totalidad, en el sentido que las demandas deberían ser satisfechas en la misma y así lograr la menor exclusión y opresión posibles.(7) En este punto, no podemos evitar la tentación de preguntar qué pasaría si la síntesis de los movimientos sociales, en su disenso crítico, llegasen a sostener reivindicaciones en común de carácter racista, por ejemplo. En este caso se violaría el principio normativo de legitimación democrática (de la Nueva Totalidad que de tales demandas surgiría y que, como decíamos, también habrá de regirse por los principios normativos.) La pregunta es ¿habría que “obedecer” una plataforma común que afirme el racismo? Ciertamente, no habría problema con que el representante escuchara pero ¿debería acatar?

Mi sospecha desde hace un tiempo es que en última instancia, el obedecer, en Dussel, no es acatamiento a lo que sea que el pueblo organizado diga, sino a los principios normativos (universales.) La cuestión es que, a mi modo de ver, Dussel supone que el “pueblo”, en sus reivindicaciones, afirmará una legitimidad no contradictoria con los principios, por lo tanto, el “pueblo” nunca se equivocará y habrá que acatarlo siempre.(8) Pero él mismo señala (refiriéndose al político vocacional que será representante en la Nueva Totalidad liberada) lo siguiente:

“Siendo imposible la extrema perfección, lo que se exige normativamente al político de vocación es que honestamente cumpla lo más seriamente posible las condiciones de un acto justo. A esto se denomina ‘pretensión política de justicia’ (…) La palabra ‘pretensión’ indica, exactamente, que el que realiza una acción puede justificarla dando razones de haber intentado afirmar la vida, con el consenso del afectado, factiblemente. Los tres principios críticos son las condiciones de la ‘pretensión de justicia política’. Pero es más, los principios normativos enunciados son igualmente los que permiten descubrir que se hayan cometido errores políticos y, además, la manera de corregir los errores…”(9)

Leyendo esto parece que podríamos “probar” discursivamente si las reivindicaciones de cualquier actor (incluso el “pueblo”) no suponen una “nueva” legitimidad de tipo regresivo (como en el caso del racismo) y considerar caso a caso la obediencia como acatamiento. Como además la aparición concreta del pueblo articulado no necesariamente será la confluencia de todos los movimientos sociales, y sus demandas podrían dejar por fuera la participación de los afectados con respecto a ciertos problemas puntuales, la guía normativa ofrecida parece ser un recurso útil para evaluar y corregir errores, no solo para el representante sino para todo actor político, incluso para que el propio actor se autoevalúe.


Ley de caducidad

El pueblo articulado como actor político (movimientos sociales) se pronunció por la anulación de una ley que consiente que militares, policías y equiparados, no sean juzgados por la violación, en el período dictatorial, de los derechos humanos más esenciales, pero desde el gobierno no se lo obedeció, cuando era legítimo hacerlo. Se lograron, entonces, firmas para plebiscitarla. En dicha instancia (2009), el pueblo (ahora todos los votantes) no alcanzó la mayoría requerida para anularla. Para mayor polémica, una anterior consulta popular, en 1989, no obtuvo los votos para su derogación. Y ahora las preguntas son: ¿resulta legítimo o ilegítimo que la fuerza política en el gobierno interprete la ley de modo que anule la impunidad?, ¿cómo hay que mandar?, ¿a quién hay que obedecer?

Fácilmente podríamos decir que al “pueblo” y no al pueblo. El pueblo, en la visión de Dussel, se habría alienado al no haber logrado la mayoría por el "Sí". Pero utilicemos los principios normativos para la evaluación.

Ateniéndonos puntualmente al principio material de afirmación de la vida, comprendemos que nunca será legítima una ley que afirme la muerte. ¿Debería serlo una que afirme la impunidad de quienes violaron el derecho a la vida? Recordando que la afirmación de la vida se da en el campo de la economía, de la ecología y de la cultura, principalmente, pensemos cómo afecta esto el desarrollo del campo cultural…

Por otro lado, mantener la impunidad lleva a los representantes a debilitar la institucionalidad democrática, pues se deja en pie una ley que protege a quienes la violaron. Además, conduce a negar el principio de igualdad, subyacente a la legitimidad democrática, sin el cual no se puede explicar, al menos, la democracia actual. Esto es nada menos que regresivo. Pues con la Ley de Caducidad no somos todos iguales ante la ley, cuando una de las determinantes para cualquier procedimiento consensual (crítico o no) es contar con la mayor simetría posible entre los participantes (en este caso los ciudadanos.) Y es un rezo de los Estados modernos el que la igualdad sea (al menos) ante la ley.

Es verdad que el pueblo como totalidad de votantes participó a través del plebiscito en la decisión y el procedimiento cumplió con las pautas de la democracia, pero ¿qué pasa cuando democráticamente no se niega una ley anti-democrática?, ¿y cuando la misma niega la voluntad de vida? Creo que, luego de la evaluación, estamos más cerca de pensar este caso como de fetichización o alienación que como de justicia. Podemos decir que el movimiento social organizado tuvo “pretensión política de justicia” ya que se puede argumentar su accionar desde los tres principios.(10) Pero el “pueblo” que la plebiscitó no coincide con el pueblo que la votó. Con respecto a la pregunta: ¿a quién hay que obedecer?, respondemos, en línea con lo anterior, que es al “pueblo” como confluencia de movimientos sociales. La acción de eliminar la impunidad es legítima, aunque será un tardío ejercicio obediencial del poder.

Como corolario, dicha acción no daría lugar a una nueva legitimidad, que pretenda transformar el orden dado, sino que expresaría nada más el respeto por la legitimidad vigente en el resto del sistema. Claro que esto no quita que anular la impunidad sea liberador, pero de lo que nos libera es de los residuos de un período dictatorial y post-dictatorial. Es a partir de aquí, de un orden vigente que, opresor y excluyente aún, haya, al menos, superado a uno más antiguo, que resultará más factible una nueva legitimidad en el camino hacia una Nueva Totalidad lo menos opresora y excluyente posible.

Por último, merece aún señalar que el gobierno no debería, en relación a lo expuesto, declarar inconstitucionales algunos de sus artículos dejando viva la ley. Más allá de los problemas judiciales a posteriori que conlleva utilizar el recurso de la inconstitucionalidad, como el tener que discernir en el caso a caso, nuestros representantes deberían, lisa y llanamente, eliminarla (y pueden hacerlo por el art. 85 de la Constitución.) Es una cuestión de símbolos. Y de cómo se ejerce el poder. No eliminarla de raíz es también un símbolo y un ejercicio.


Viernes 5 de noviembre de 2010



Notas

(1) Enrique Dussel (Mendoza, 1934), radicado en México desde su exilio en 1975. Doctor en filosofía y en historia, co-fundador de la filosofía de la liberación, tronco común de su posterior ética de la liberación y política de la liberación. Actualmente es profesor de de la UNAM e investigador de la UAM-Iztapalapa. Prolífero escritor, tiene alrededor de 60 libros publicados y más de 400 artículos.

(2) Esto lo lleva a cabo en Política de la liberación. Historia mundial y crítica, Madrid, Ed. Trotta, 2007.

(3) Entrevista concedida al programa televisivo venezolano, Contragolpe, en http://www.enriquedussel.org/entrevista_es.html

(4) Idem nota 1.

(5) Para un ejemplo de “filosofía de la actualidad” ofrezco este mismo artículo, ver Hacia una discusión de actualidad.

(6) Ver la entrevista que le realizó Fernanda Diab en http://ladiaria.com/articulo/2010/8/por-la-desconolizacion-mental/

(7) La menor posible porque como, aún inintencionalmente, toda acción produce víctimas, nunca llegaremos a la opresión y exclusión cero.

(8) A favor de esta lectura puede abogar la afirmación de Dussel de que los oprimidos y excluidos “toman conciencia” de sus necesidades insatisfechas. Tal “conciencia” podría ser, en última instancia, la comprensión de su derecho a la vida, a la participación democrática, a la dignidad. Esto equivaldría a decir que por debajo de las demandas que el “pueblo” hace, subyacen los principios.

(9) Dussel (2006), p. 109.

(10) Además de debilitarse el valor de la vida y de la democracia, la permanencia de la ley debilita la credibilidad y con ello la gobernabilidad de la fuerza política al mando (factibilidad institucional) según expresó Bentancor (Vertiente Artiguista). Ver http://ladiaria.com/articulo/2010/10/llamado-al-orden/. Por otro lado, para una indagación más profunda sobre el procedimiento, habría que remitirse al proceso desde, al menos, 1984.

(11) La reflexión de este último párrafo se respalda en la nota de Helio Sarthou publicada en Brecha del 29/10/2010.



Bibliografía


Libros

• Dussel, E. (2006). 20 tesis de política. México: SXXI.
• Derrida, J. (1998). Artefactualidades (en) Ecografías de la televisión, Buenos Aires: Editorial Universitaria de Buenos Aires.

Diarios

• Sarthou, H. (2010, 29 de octubre) La anulación de la ley de impunidad en lugar de simulacros. Semanario Brecha, p. 4

Material consultado en Internet

• Diab, F. (2010, 20 de agosto) Por la descolonización mental. Enrique Dussel, propulsor de la filosofía de la liberación. Disponible en http://ladiaria.com/articulo/2010/8/por-la-desconolizacion-mental/
• Entrevista concedida al programa televisivo venezolano, Contragolpe, en http://www.enriquedussel.org/entrevista_es.html
• Ley Nº 15.848, http://www.parlamento.gub.uy/leyes/AccesoTextoLey.asp?Ley=15848&Anchor=
• Llamado al orden. (2010, 29 de noviembre) La Diaria. Disponible en: http://ladiaria.com/articulo/2010/10/llamado-al-orden/.
• Pereda, C., ¿Qué puede enseñarle el ensayo a nuestra filosofía? Recuperado: 2005, 26 de junio. Disponible en: http://tijuana-artes.blogspot.com/2005/06/que-puede-ensearle-el-ensayo-nuestra.html
• Wild Díaz, K. (2009). La palabra del Otro como principio del filosofar. Reseña de DUSSEL, Enrique, Política de la liberación. Historia mundial y crítica, Madrid, Ed. Trotta, 2007, 587 pp, Encuentros latinoamericanos, Año 3, Número 9, 157-165. Disponible en: http://www.ceil.fhuce.edu.uy/Descargas/REVISTA9.pdf

Grabaciones del curso Política de la liberación (inéditas)

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